¡Desde Beethoven hasta Dalí! Las cartas de amor más hermosas de la historia

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El mejor regalo del mundo, es una carta escrita a mano. Estas famosas personalidades, decidieron utilizar su puño y letra como mecanismo para expresar la profundidad de sus afectos con el arma más poderosa: la palabra. Aquí hacemos un recorrido por algunas de las cartas más famosas del mundo para entender cómo podemos hablar de amor. ¡Feliz día de San Valentín!

Carta de Beethoven a su ‘Amada inmortal’

«Aunque sigo en la cama, mis pensamientos van hacia ti, mi Amada Inmortal, primero alegremente, después tristemente, esperando saber si el destino nos escuchará o no. Yo solo puedo vivir completamente contigo y si no, no quiero nada. Sí, estoy resuelto a vagar por ahí, lo más lejos de ti hasta que pueda volar a tus brazos y decir que estoy realmente en casa contigo, y pueda mandar mi alma arropada en ti a la tierra de los espíritus.

Sí, desgraciadamente debe ser eso. ¿Serás más contenida y prudente desde que conoces mi fidelidad hacia ti? Ninguna más poseerá mi corazón, nunca, nunca. ¡Oh Dios! ¿Por qué tiene uno que ser separado de alguien a quien ama tanto?, y además mi vida es ahora una desgracia.

Tu amor me hace a la vez el más feliz y el más desgraciado de los hombres.
A mi edad yo necesito una vida tranquila y estable, ¿puede existir eso en nuestra relación?

Cálmate, solo a través de una consideración calmada de nuestra existencia podemos alcanzar nuestro propósito de vivir juntos. Cálmate, ámame, hoy, ayer, qué lágrimas anhelantes por ti, tú, tú, mi vida, mi todo, adiós. Continúa amándome, nunca juzgues mal el corazón fiel de tu amado.

Siempre tuyo,
Siempre mía,
Siempre nuestros».

Carta de Jean Paul Sartre a Simone de Beauvoir:

“Mi querida niña;

Durante mucho tiempo he querido escribirte en la noche después de una de esas salidas con amigos. Quería traerte la alegría de mi conquistador y ponerla a tus pies, como lo hicieron en la era del rey sol. Y luego, cansado por todos los gritos, simplemente me fui a la cama. Hoy lo hago para sentir el placer que todavía no conozco, para pasar bruscamente de la amistad al amor, de la fuerza a la ternura.

Esta noche te amo de una manera que no has conocido en mí: no estoy agotado por los viajes ni envuelto en el deseo de tu presencia. Estoy dominando mi amor por ti y convirtiéndolo en un elemento constitutivo de mí mismo. Esto sucede mucho más a menudo de lo que te admito, pero rara vez cuando te escribo.

Intenta comprenderme: te amo mientras presto atención a las cosas externas. En Toulouse simplemente te amé. Esta noche te amo en una tarde de primavera. Te amo con la ventana abierta. Eres mía, y las cosas son mías.

Mi amor altera las cosas que me rodean y las cosas a mi alrededor alteran mi amor.

Te amo con todo mi corazón y alma.

Jean Paul Sartre”. 

Carta de Salvador Dalí a su musa, Gala Dalí:

“Querida Gala:

Querría levantarme de este paraíso en el que me encuentro, pero me apresan elefantes y no quieren dejarme libre. Con sus colmillos me pinchan y me inyectan venenos, y yo me resisto pero con todos no puedo.

Sé mi ninfa y sé mi amada, sé mi apresora y sé mi guarda… Sé mi amante y oh, también mi esposa. Gala Gala, Galatea Gala.

Si supieras cuánto deseo verte, cuánto me gustaría tenerte conmigo.
Sé muy bien que no puedo retenerte, que la abominación de la vida en común no es para nosotros, pero siento como si hiciera años que no te tengo. Y he perdido el gusto por la vida, por los paseos, el sol, las mujeres. Solo he conservado el sabor amargo y terrible del amor.

Si pudiera estrecharte entre mis brazos volvería a ser el que he sido para ti en algunos momentos.

Te adoro, solo tú existes desde toda la eternidad. Mi pequeña Gala, hermosa, querida mía, maia dorogaia, mi pequeña, mi amor, me muero de estar sin ti.

Salvador Dalí”.

cARTA DE Frida Kahlo a Diego Rivera:

«Diego:
Nada comparable a tus manos, ni nada igual al oro-verde de tus ojos.
Mi cuerpo se llena de ti por días y días. Eres el espejo de la noche. La luz violeta del relámpago. La humedad de la Tierra. El hueco de tus axilas es mi refugio.
Toda mi alegría es sentir brotar la vida de tu fuente-flor que la mía guarda para llenar todos los caminos de mis nervios que son los tuyos, tus ojos, espadas verdes dentro de mi carne, ondas entre nuestras manos.

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Solo tú en el espacio lleno de sonidos. En la sombra y en la luz; tú te llamarás auxocromo, el que capta el color. Yo cromófobo, la que da el color.
Tú eres todas las combinaciones de números. La vida. Mi deseo es entender la línea, la forma, el movimiento. Tú llenas y yo recibo. Tu palabra recorre todo el espacio y llega a mis células que son mis astros y va a las tuyas que son mi luz.
Frida».

Carta DE Yoko Ono a John Lennon:

«Te extraño, John. 27 años han pasado y todavía deseo poder regresar el tiempo hasta aquel verano de 1980.

Recuerdo todo, compartiendo nuestro café matutino, caminando juntos en el parque en un hermoso día y ver tu mano tomando la mía que me aseguraba que no debía preocuparme de nada porque nuestra vida era buena.

 No tenía idea de que la vida estaba a punto de enseñarme la lección más dura de todas. Aprendí el intenso dolor de perder a un ser amado de repente, sin previo aviso, y sin tener el tiempo para un último abrazo y la oportunidad de decir «te amo» por última vez.

El dolor y la conmoción de perderte tan de repente está conmigo cada momento de cada día.

Cuando toqué el lado de John en nuestra cama la noche del 8 de diciembre de 1980, me di cuenta que seguía tibio. Ese momento ha quedado conmigo en los últimos 27 años y seguirá conmigo por siempre.

Yoko Ono».

Carta de Simón Bolívar a Manuela Sáenz:

«Mi adorada Manuelita:

Mi amor, me gustó mucho lo que dices, que has ido a rezar, porque en verdad debemos tener fe en que estaremos juntos muy pronto, pero para ello trataremos de ser cada día mejores, más buenos que el anterior; aunque sobra decírtelo, porque tú naciste buena y humanitaria.

Por eso me siento plenamente orgulloso de ti, porque sé de tus caridades y benevolencias. Me encanta que seas piadosa (aunque no lo eres tanto), amo que te desvives por los desposeídos. De paso sé que haces respetar la imagen de la República con fervor y ahínco, solo que eso te trae mil contrariedades.

Cada vez que recuerdo tu hermosa figura, viene a mí el goce de las noches de amor interminables, donde tú eres la amante deliciosa y somos dos seres absorbidos por el amor que nos es esquivo, en tanto tus obligaciones y las mías distan mucho de acercarse, por la poca o ninguna similitud de las mismas.

Si tuvieras obligaciones acá, entonces seríamos más dichosos, pues tu trabajo tendría que ver conmigo. Esto acaso es una suposición; entonces no nos separaríamos más.

Tuyo de corazón y de alma,
Bolívar». 

Carta de Virginia Woolf a su amante Vita Sackerville

Mi muy querida Criatura: Qué carta más bonita me escribiste a la luz de las estrellas, a medianoche. Deberías escribir siempre a esa hora, porque tu corazón requiere de la luz de la luna para licuarse. El mío se fríe a la luz del gas: son las nueve, y tengo que irme a la cama a las once. Así que no diré nada: ni una palabra sobre el bálsamo para mi angustia -siempre estoy angustiada- que eres para mí. ¡Cómo he pensado en ti! ¡Cómo he sentido -ahora- lo que todo esto ha sido! He visto en algún lugar una pequeña pelota borboteando arriba y abajo en el chorro de una fuente: la fuente eres tú; la pelota, yo. Solo tú me produces esa sensación. Es físicamente estimulante, y al mismo tiempo relajante. […]

Carta de Honoré Balzac a Eva Hanska

«Mi amado angel,

Estoy loco por ti: no puedo unir dos ideas sin que tú te interpongas entre ellas. Ya no puedo pensar en nada diferente a ti. A pesar de mí, mi imaginación me lleva a pensar en ti. Te agarro, te beso, te acaricio, mil de las más amorosas caricias se apoderan de mí.

En cuanto a mi corazón, ahí estarás muy presente. Tengo una deliciosa sensación de ti allí. Pero mi Dios, ¿qué será de mí ahora que me has privado de la razón? Esta es una manía que, esta mañana, me aterroriza.

Me pongo de pie y me digo a mí mismo: “Me voy para allá”. Luego me siento de nuevo, movido por la responsabilidad. Ahí hay un conflicto miedoso. Esto no es vida. Nunca antes había sido así. Tú lo has devorado todo.

Me siento tonto y feliz tan pronto pienso en ti. Giro en un sueño delicioso en el que en un instante se viven mil años. ¡Qué situación tan horrible!  

Estoy abrumado por el amor, sintiendo amor en cada poro, viviendo solo por amor, y viendo cómo me consumen los sufrimientos, atrapado en mil hilos de telaraña.

O, mi querida Eva, no lo sabías. Levanté tu carta. Está frente a mí y te hablo como si estuvieras acá. Te veo, como te vi ayer, hermosa, asombrosamente hermosa.

Ayer, durante toda la tarde, me dije a mí mismo: “¡Es mía!”. Ah, ¡los ángeles no están tan felices en el paraíso como yo lo estaba ayer!».

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