Hoy el cine está de fiesta. Mary Louise Streep —a quien el mundo entero venera simplemente como Meryl Streep— apaga 77 velas. Con 21 nominaciones al Oscar (un récord imbatible) y tres estatuillas en su repisa, pensaríamos que lo sabemos todo sobre ella. Sin embargo, detrás de la actriz camaleónica y sus acentos perfectos, hay una mujer llena de sorpresas.
Para celebrar su día, reunimos cinco datos fascinantes que demuestran por qué sigue siendo la jefa indiscutible de la industria.
El Oscar que terminó en el baño de un restaurante

Cuando ganó su primer Premio de la Academia en 1980 como Mejor Actriz de Reparto por Kramer vs. Kramer, la emoción (o los nervios) le jugaron una mala pasada. Durante la fiesta posterior a la ceremonia, Meryl fue al baño y, al salir, olvidó la estatuilla dorada sobre el tanque del inodoro. Por suerte, alguien la encontró rápidamente y el descuido no pasó de ser una gran anécdota.
Su primer gran amor y una trágica pérdida

Mucho antes de su matrimonio de décadas con el escultor Don Gummer, el gran amor de la juventud de Meryl fue el brillante actor John Cazale (conocido por interpretar a Fredo Corleone en El Padrino). Estuvieron juntos a finales de los años 70. Cuando a Cazale le diagnosticaron un cáncer terminal, Meryl pausó su carrera por completo para cuidarlo hasta su último suspiro en 1978. De hecho, aceptó su papel en la miniserie Holocausto solo para poder pagar las facturas médicas de él.
De porrista a reina del drama

Durante su adolescencia en Nueva Jersey, Meryl no era la típica chica bohemia o introvertida metida en el teatro. Al contrario, era una joven sumamente popular, porrista en su escuela secundaria y fue elegida como la «Reina del Baile» (Homecoming Queen). Ella misma ha confesado que en esa época ya estaba «actuando», intentando encajar en el molde de la chica perfecta estadounidense.
Memoria fotográfica y oído absoluto para los acentos

Si algo impresiona de Streep es su capacidad de imitar cualquier acento: desde el polaco en La decisión de Sophie hasta el británico de Margaret Thatcher en La dama de hierro. Esto se debe a que posee una condición muy cercana al oído absoluto, lo que le permite escuchar un tono de voz o un dialecto una sola vez y replicarlo con precisión matemática. Además, sus compañeros de rodaje aseguran que es capaz de memorizar sus líneas con solo leer el guion un par de veces.
Casi se convierte en abogada

El destino quería que fuera actriz. Después de graduarse en Vassar, Meryl pensó seriamente en estudiar Derecho. El día de su entrevista de admisión para la escuela de leyes, se quedó profundamente dormida porque no sonó su alarma. En lugar de reprogramar la cita, lo tomó como una señal mística del universo de que el derecho no era su camino y decidió seguir enfocada en las artes escénicas. El resto es historia cinematográfica.



