Uno de los estrenos más esperados del año, ‘Toy Story 5’, ha sorprendido a propios y extraños por la maravillosa historia que nos cuenta en esta quinta entrega y es que a pesar del avance indetenible de la tecnología, los juguetes siguen siendo esenciales en la vida de los niños, que nunca pasan de moda y que su valor es tan importante —o incluso más— que el de los dispositivos electrónicos.
Tecnología vs. Juguetes: Una misión inesperada

La película arranca con un viaje al pasado, donde vemos a la dueña original de Jessie, la vaquerita, jugar con su muñeca favorita.
De ahí, la historia da un giro radical hacia la aventura: nos traslada a una isla remota donde varias unidades del último modelo de Buzz Lightyear (que viene con tecnología avanzada incluida) se encuentran desperdigadas tras lo que claramente fue un accidente aéreo o naufragio. Estos Buzz tecnológicos intentan salir de la isla, embarcándose en una misión especial para lograrlo.
Mientras tanto, Bonnie, sigue disfrutando de los juguetes que heredó de Andy en la tercera entrega. Sin embargo, la pequeña enfrenta un problema de inseguridad social: desea con el alma jugar con los niños de enfrente de su casa, pero su timidez se lo impide. Es Jessie quien se pone manos a la obra y descubre la verdadera raíz del problema: no es que los vecinos rechacen a Bonnie, es que están completamente enviciados con las pantallas.
Al ver el aislamiento de su hija, sus padres piensan equivocadamente que la solución es comprarle una tablet. Pero la llegada de Lilipad (el nuevo dispositivo) no soluciona nada; al contrario, empeora la situación. Es en este momento crítico donde los juguetes deciden tomar cartas en el asunto y, en un acto de desesperación y amor, llaman al mismísimo Woody para que regrese a ayudarlos.
El regreso de Woody

Fiel a su esencia, Woody acude al llamado y hace absolutamente todo lo posible junto a Buzz para rescatar al grupo de esta crisis. Sin embargo, la misión se complica cuando Jessie se pierde y termina, por azares del destino, en la casa de su dueña original.
Es aquí donde reside otro de los mensajes más profundos y maduros de la película. Jessie llega a ese hogar convencida de una dolorosa premisa que la ha perseguido siempre: que los juguetes están destinados a ser olvidados y desechados. No obstante, el destino le tiene preparada una revelación conmovedora que demuestra que el amor de la infancia deja una huella imborrable.
Lejos de quedarse atrapada en el pasado, la vaquerita utiliza esta revelación para cambiar el presente de Bonnie.
Cooperación en alta definición

El gran acierto del tercer acto es cómo se resuelve el conflicto principal. Cuando las cosas parecen salirse de control, la película no opta por la destrucción de la tecnología. Al contrario, demuestra que los dispositivos digitales y los juguetes tradicionales no tienen por qué ser enemigos.
No se trata de reemplazar, sino de demostrar que ambos mundos pueden vivir en perfecta armonía y que, en estos tiempos modernos, el juego clásico sigue siendo vital para el desarrollo emocional de los niños.
Secundarios inolvidables

Además de la gran carga emotiva, Pixar vuelve a demostrar su genialidad con el alivio cómico. Los personajes secundarios sostienen gran parte de la frescura de la trama; de hecho, Smarty Pants se consagra fácilmente como lo mejor de la película, regalando los momentos más divertidos de toda la cinta.
¿La recomiendo? Sin duda. «Toy Story 5» es una carta de amor a la infancia de ayer y de hoy. Logra equilibrar el peso de tres décadas de historia con las dinámicas de la crianza hiperconectada, demostrando que el verdadero valor de jugar radica en la capacidad de conectar con los demás.



