El estrés sostenido y la ansiedad, alteran la interocepción, llevando al cerebro a un estado de hipervigilancia o desconexión. Esta respuesta fisiológica desencadena efectos multisistémicos que impactan la salud de manera integral
El organismo humano está en constante comunicación consigo mismo. A través de sensaciones como el hambre, la sed, las palpitaciones, la tensión muscular o la necesidad de descansar, el cuerpo envía reportes continuos sobre su estado interno. Esta capacidad de percibir e interpretar nuestras señales biológicas se conoce como interocepción.
Conversamos con el Dr. Eduardo Jahn, especialista en Medicina Interna y Neuroinmunofarmacología, para conocer y entender el lenguaje del cerebro y cada parte del cuerpo, indispensables para disfrutar de calidad de vida.
«Cuando la ansiedad o el estrés se vuelven sostenidos, este canal de comunicación se altera. Algunas personas se vuelven hipervigilantes a cada pequeña sensación, interpretándola como una amenaza; otras se desconectan de las alertas hasta que el dolor, la migraña o el agotamiento extremo las detienen. Esto no significa que los síntomas sean imaginarios, sino que el cerebro y el cuerpo, han entrado en un estado de alerta continua».
Adrenalina y Cortisol
Ante un desafío o amenaza, el sistema nervioso activa una respuesta inmediata de supervivencia. El especialista comenta que en una primera fase, la adrenalina y la noradrenalina elevan el ritmo cardíaco, la presión arterial y la tensión muscular para preparar al cuerpo para la acción. Acto seguido, el cortisol entra en juego para sostener esa respuesta y movilizar recursos energéticos.
Estas hormonas son fundamentales para resolver emergencias. El problema surge cuando la falta de descanso, el sueño fragmentado o las preocupaciones constantes mantienen encendido este mecanismo de alarma, interfiriendo con la inmunidad, el metabolismo y la recuperación natural del organismo.
«El estrés es uno de los desencadenantes más frecuentes de migraña y también puede aumentar la sensibilidad al dolor. La inflamación, el estrés oxidativo, los cambios del sueño, la tensión muscular, las hormonas y factores vasculares participan en la fisiopatología; no hay una única causa ni una explicación exclusiva basada en inflamación emociona», puntualiza el destacado profesional de la salud.
¿Por qué no Todos Reaccionamos Igual?
«La respuesta al estrés cambia con la edad, el sexo, las experiencias previas, la intensidad y repetición de los eventos, el ambiente, el estado de salud y la calidad del sueño. Algunas personas manifiestan más palpitaciones o rubor; otras presentan cefaleas, molestias digestivas, cansancio, irritabilidad, brotes en la piel o alteraciones del sueño», expresa el Dr. Eduardo.
También agrega, «Por eso no existe una hormona, un neurotransmisor o una prueba aislada que explique por sí sola cómo una persona vive el estrés. Lo importante es el conjunto: síntomas, duración, sueño, hábitos, antecedentes y evaluación clínica cuando corresponde».
El Eje Intestino-Cerebro
El intestino posee un sistema nervioso propio, el sistema nervioso entérico, que mantiene un diálogo directo y constante con el cerebro a través de hormonas, células inmunes y la microbiota.
El Dr. Eduardo Jahn hace énfasis en que: «El estrés puede modificar la barrera intestinal y el funcionamiento, del sistema inmune de la mucosa. Cuando esa barrera se altera, productos microbianos, pueden tener mayor contacto, con el sistema inmunitario y contribuir a inflamación local o sistémica, en personas susceptibles.
Agrega: «Sin embargo, no debe usarse la expresión “intestino permeable” como diagnóstico automático. Dolor abdominal persistente, diarrea con sangre, fiebre, anemia, pérdida de peso, vómitos frecuentes o síntomas nocturnos requieren valoración médica para descartar enfermedad inflamatoria intestinal, infección, enfermedad celíaca, cáncer u otras causas orgánicas».
Manifestaciones en la Piel y el Cabello
La piel y el cabello son reflejos directos del sistema nervioso e inmunológico.
«El estrés no crea automáticamente una enfermedad de piel. Sí puede bajar el umbral para que aparezca un brote o empeore, una condición ya existente, al alterar la barrera cutánea, aumentar el prurito, favorecer el rascado, dificultar el sueño y modificar la respuesta inmune», comenta el doctor.
Eduardo Jahn, tiene más de 20 años de trayectoria, es uno de los más reconocidos de su área y atiende muchos casos relacionados al estrés y sus consecuencias.
Brotes cutáneos: El estrés libera mediadores neuroquímicos que activan células inmunes en la piel, desencadenando picazón, enrojecimiento e inflamación. Aunque el estrés no «crea» enfermedades por sí solo, actúa como amplificador en condiciones como dermatitis, psoriasis, acné o rosácea.
Caída del cabello: Meses después de un evento estresante, cirugía, parto o pérdida de peso, es común experimentar una caída difusa del cabello. Ocurre porque múltiples folículos entran simultáneamente en fase de reposo. En la mayoría de los casos es un proceso reversible.
Impacto en las uñas: Un estrés físico o metabólico severo puede pausar el crecimiento de la matriz ungueal, dejando marcas o surcos horizontales (líneas de Beau) visibles, semanas después.
Comunicación y Autocuidado
Para proteger la salud física y mental ante el estrés, es clave cuidar los pilares de recuperación:
Mantener patrones de sueño regulares.
Realizar actividad física adaptada.
Sostener una alimentación variada.
Llevar un registro sencillo de síntomas y hábitos para identificar desencadenantes, sin caer en la hipervigilancia.
Consultar al médico ante síntomas persistentes o sospecha de patologías orgánicas.
Aprender a escuchar sus señales con atención y sin miedo es el primer paso para cuidar el bienestar integral.
Pueden contactar al Dr. Eduardo Jahn a traves de su web www.eduardojahn.com



