Bajo la mirada visionaria de Jonathan Anderson (en una de sus colecciones más esperadas), la Maison ha presentado una propuesta que mezcla la herencia aristocrática con un surrealismo floral digno de una portada. Aquí los 5 puntos clave:
La «Chaqueta Bar» se relaja

El icono máximo de Dior, la chaqueta Bar, ha sido reinterpretada con una fluidez sorprendente. Olvida la estructura rígida de antaño; esta temporada la vimos en tejidos arrugados que parecen cardigans con peplum, e incluso en versiones de encaje que aportan una ligereza casi etérea.
Surrealismo Botánico en los pies

Si hay un accesorio que veremos en todas las editoriales, son los zapatos. Anderson llevó el concepto de «jardín» al extremo con tacones que imitan nenúfares y rosas. Destacan especialmente las sandalias con forma de hoja de lirio, destinadas a ser el próximo objeto de culto.
Estampados y Relieves Vivos

La pasarela se convirtió en un catálogo botánico andante. Vimos vestidos de tul con flores prensadas y bordados en 3D que parecen brotar directamente de la tela, imitando la flora silvestre de las Tullerías. No fueron simples flores estampadas; la técnica buscaba replicar la textura de los pétalos y las hojas, creando una profundidad visual que hacía que cada prenda pareciera una extensión del propio jardín.
4. Un homenaje a las leyendas

La colección no solo miró al futuro, sino que dialogó con el pasado. Se notaron ecos de Paul Poiret en las siluetas tipo «capullo» (cocoon coats) y referencias a los icónicos vestidos Junon de la casa, transformados esta vez en minifaldas voluminosas y pantalones listos para el ready-to-wear.
Escenografía Viva en las Tullerías
El desfile no solo ocurrió en la pasarela; el entorno fue parte del show. El estanque octogonal de las Tullerías se llenó de nenúfares artificiales que flotaban mientras las modelos desfilaban, creando una atmósfera de «teatro de la vida parisina» que dejó a todos los asistentes sin aliento.



