El sultán de las lentejuelas: Adiós a Bob Mackie, el diseñador que convirtió al exceso en arte

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Existen diseñadores que visten a las celebridades para una noche, y existen creadores que inmortalizan a sus musas para la historia. Bob Mackie pertenecía, sin lugar a dudas, a esa segunda y escasa categoría. Conocido mundialmente como el «mago del glamour» o el «sultán del lentejuela», la partida del creativo estadounidense marca el cierre definitivo de una época dorada en la que la moda de espectáculo no entendía de timidez, sino de pura y desinhibida fantasía.

En una industria a menudo obsesionada con la sobriedad, Mackie convirtió el maximalismo en su firma indeleble. Plumas de gallo de medio metro, bordados geométricos en cristal de Roca, mallas transparentes que jugaban al engaño visual y siluetas que desafiaban la gravedad: su trabajo no acompañaba al talento de la escena, lo multiplicaba.

El arquitecto del maximalismo

Mucho antes de que las alfombras rojas de la Met Gala o los premios Oscar se transformaran en pasarelas globales, Bob Mackie borró la frontera entre la alta costura y el vestuario escénico. Llevó la extravagancia de los escenarios a los hogares a través de la televisión en The Sonny & Cher Comedy Hour y The Carol Burnett Show, cosechando nueve premios Emmy y un lugar permanente en el imaginario colectivo.

Su gran revolución técnica y estética fue la invención del moderno «Nude Dress»: la técnica magistral de bordar Cristales Swarovski y plumas sobre tul del color exacto de la piel de la portadora, creando la ilusión de un cuerpo esculpido únicamente por la luz. Desde Elton John con sus trajes desmesurados hasta Tina Turner, Diana Ross, RuPaul o Barbra Streisand, ninguna diva del siglo XX escapó al magnetismo transformador de su aguja.

Cher y Mackie

Hablar de Bob Mackie es, de manera inevitable, invocar la figura de Cher. Si en la historia de la moda han existido matrimonios estéticos inolvidables —como el de Hubert de Givenchy con Audrey Hepburn—, el de Mackie y Cher fue su reverso rebelde, audaz y electrificante.

Desde que se conocieron a finales de los años sesenta, el diseñador no solo vistió a la cantante: diseñó la armadura visual de su mito.

El hito de la Met Gala (1975): Con un vestido transparente rematado en plumas blancas que paralizó a la prensa de la época, la pareja redefinió para siempre el código de vestimenta del evento más exclusivo de la moda.

La venganza en los Oscar (1986): Tras ser ignorada por la Academia por su papel en Mask, Cher apareció en la ceremonia luciendo un conjunto de dos piezas negro compuesto por un top joya y un imponente tocado mohicano de plumas. No era solo un atuendo; era una declaración de intenciones que desafió las normas de la etiqueta hollywoodense.

La coronación (1988): Al alzar la estatuilla a Mejor Actriz por Moonstruck, Cher volvió a confiar en su creador de cabecera con un vestido negro de transparencias drapeadas que selló su estatus de realeza pop.

«Bob nunca me vistió para encajar. Bob me vistió para que nadie pudiera apartar la mirada», recordaría la propia artista sobre el impacto de su colaborador más cercano.

Un legado que brilla

Getty Images

El impacto de Bob Mackie trasciende las décadas. El lenguaje visual que ideó para los escenarios de los años 70 y 80 constituye la espina dorsal de la moda contemporánea: firmas desde Mugler hasta Versace, pasando por Jean Paul Gaultier o Schiaparelli, continúan rindiendo homenaje al dinamismo, las transparencias audaces y el drama teatral que Mackie perfeccionó.

El telón ha bajado para el maestro de la aguja, pero su legado permanece intacto: mientras exista una estrella dispuesta a brillar con audacia bajo los focos, el espíritu de Bob Mackie seguirá vivo en cada lentejuela.

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