«Drácula», de Luc Besson, transforma un cuento de terror en uno de amor

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Sin perder el aura oscura de este mítico personaje de la novela de Bram Stoker, el director francés Luc Besson, nos entrega una película con todos los ingredientes que la separan un poco de la terrorífica historia de este conde rumano.

Y es que en esta oportunidad, aunque el ser demoníaco, sigue inspirando miedo, en Drácula: una historia de amor, Vlad Drácula, un príncipe del siglo XV es un ser atormentado por la pérdida del amor de su vida: la princesa Elisabeta, a manos de sus enemigos y bajo el mandato de la iglesia. Al más estilo de Enrique VIII, Vlad, toma venganza contra la región católica y se transforma en un vampiro en busca de la reencarnación de su amada por 400 años.

Siglos más tarde, en la época Victoriana, Drácula encuentra a Elisabeta en la piel de Mina, otra mujer, y decide recuperar el tiempo perdido y tratar de romper el hechizo que lo ha mantenido buscándola por los siglos de los siglos.  

La puesta en escena de Besson para este “Drácula romántico” es sencillamente espectacular. La lograda atmósfera creada bajo el diseño de producción de Hugues Tissandier, la dirección de fotografía de Colin Wandersman y la banda sonora de Danny Elfman hacen que el espectador se sienta que está ante un montaje teatral con la ventaja visual de la gran pantalla. 

Las actuaciones están a la altura de esta combinación terror/amor y una pizca de comedia: la interpretación de Caleb Landry Jones recuerda un poco el estilo profundo y misterioso de Heath Ledger, Christoph Waltz, a pesar de estar interpretando un cura, no abandona el cinismo de personajes que le ha tocado interpretar bajo la guía de Quentin Tarantino. Y Zoë Bleu, quien además de actriz es modelo, le imprime no sólo belleza a Elisabeta sino la dosis necesaria de drama y sensualidad. Por su parte, Ewens Abid, quien interpreta a Jonathan Harker, el esposo de Mina (Elisabeta reencarnada) le da un sello caricaturesco a la historia y la convierte, por minutos, en un triángulo amoroso. 

“Drácula” sorprende por este giro que le da Besson a la obra original, y que si bien no hace que el espectador justifique su maldad la pueda entender, desde un punto de vista que sería un banquete para cualquier psicólogo o psiquiatra especializado en temas de pareja. Ahora bien, no es bueno tomar al pie de la letra este vuelo romántico del temido personaje, ya que esta versión no excluye las escenas terroríficas siempre esperadas por la audiencia que ya conoce las fechorías del maquiavélico conde. 

La película se estrena en los cines este 28 de agosto.

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