¡Estaba escondida! La misteriosa colección de 1.500 obras que sobrevivió a la Segunda Guerra Mundial

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Una selección extraordinaria de obras, fue resguardada por un anciano que -sin ganas de ganar fama o dinero-, decidió protegerlas del famoso Holocausto resguardándolas cuidadosamente tras las baldosas de una cocina o envolviéndolas en latas de comida. Cornelius Gurlitt, es el responsable de la mayor cantidad de obras de arte sobrevivientes a la Segunda Guerra Mundial.

¡Sálvenlas de Hitler! ¿O no?

Durante la Segunda Guerra Mundial, Adolf Hitler se encargó de prohibir todo tipo de producciones artísticas que “no compaginaban” con los ideales de sus políticas. Las quemas masivas de “libros prohibidos”; formaban parte de la cotidianidad. Lo mismo sucedía con las obras de arte: todas eran confiscadas (por su valor monetario) y de no ser consideradas aceptables por el mandatario, eran destrozadas.

Las prohibiciones de Hitler se transformaron en el negocio de muchos y Hildebrand Gurlitt (1895-1956), fue uno de los principales. Se le conoce por ser uno de los mercaderes de arte más importantes del Tercer Reich; trabajaba de la mano con Hitler y se encargó de crear su propia colección privada y clandestina, a través de las expropiaciones del ejército alemán.

Todas las obras habían sido saqueadas a familias judías o compradas bajo condiciones extremadamente desfavorables para los que las vendían. Hildebrand era el padre de Cornelius, murió y lo dejó con la increíble colección bajo su cuidado, pero también con la maldición de tener que velar por ella sin que nadie se entere de su delito (aunque realmente, era de su padre).

¿Cómo lo descubrieron?

Cornelius se había encargado de proteger la colección y la dividió entre su apartamento en Múnich (Alemania) y su casa de Salzburgo (Austria). Comprende en total 1.500 obras de grandes artistas como Matisse, Chagall, Klee, Beckmann, Rodin, Canaletto, entre otras figuras importantes de la expresión.  

El 10 de septiembre de 2010, Cornelius se montó en un tren que realizaba el trayecto Zúrich-Múnich, cuando la policía en un control típico aduanero, advirtió que llevaba 10.000 euros en sus bolsillos. Enseguida encendió una alerta en el país y decidieron iniciar una investigación.

Dos años después, su apartamiento fue rastreado y fue así cuando el mundo entero se enteró que existía una colección más grande que la de La Galería de Londres, viviendo en el apartamento de un anciano en Múnich.

El estrés que le provocó a Gurlitt haber sido descubierto, le provocó un infarto y murió el 6 de mayo del 2014.

Un aporte extraordinario para el arte

Pese a que la procedencia de las pinturas tenía terribles marcas de guerra, gracias a que Gurlitt jamás dijo nada sobre la colección de su padre; las 1.500 pinturas se mantenían – en su mayoría- en buen estado.

Antes de morir, decidió entregar todas sus piezas al Museo de Arte de Berna, en Suiza. El Museo quedó encantado con su aporte, pero al mismo tiempo le toco la dura tarea de rastrear a los dueños originales de las obras para tratar de remendar los errores del pasado de Gurlitt.

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