Esta gran pasarela europea fue una declaración de talento gracias a diseñadores de toda España que presentaron sus próximas colecciones. Esta edición de la Madrid Fashion Week nos transportó desde la Nueva York de los años veinte hasta el fondo del mar, celebrando el origen del tejido y esas técnicas ancestrales que, al fusionarse con la moda, crean auténticas obras de arte.
Simorra desfiló con su colección “Texere”, un homenaje al tejido como artesanía ancestral que ha evolucionado hasta convertirse en un vehículo de identidad y pertenencia. En una paleta de colores sobria —donde predominaron el negro, el blanco y el marrón—, el rojo destacó como el gran protagonista. La firma logró resaltar el arte de «contar historias con las manos» a través de piezas únicas con detalles fruncidos, transparencias, flecos con movimiento y la imposición del cuero como textura que habla de modernidad.

Por otra parte, Custo Barcelona llenó la pasarela de brillo con su colección inspirada en un mar lleno de sirenas modernas. Su estilo ecléctico se hizo sentir con su combinación de texturas, sus cortes asimétricos y sus piezas que entrelazan la estructura con la fluidez.

Erroz por su parte nos invitó a su “The Residence” una colección inspirada en un lugar común en el que lar artes se encuentran y se relacionan para dar vida a piezas únicas. Su colección fue un homenaje a las distintas técnicas que pueden coexistir en una prenda de ropa para la exaltar la belleza en cada una de ellas. Así, vimos ricas combinaciones de texturas, tejidos y herrajes en una paleta de colores sobria, donde los distintos matices de verde destacaron como símbolo del nacimiento de nuevas formas de representar el arte.

Odette Álvarez nos propuso un auténtico viaje en el tiempo hasta la Nueva York de los años veinte. Al ritmo del charlestón, la diseñadora logró trasladarnos a esta época dorada de la moda con diseños de cortes a la cadera, vestidos fluidos, impecable sastrería y una exquisita ornamentación a base de plumas y detalles de pelo.

Sin salir de Nueva York, tomamos un ticket directo a los años 70 para descubrir la propuesta de Lola Casademunt by Maite. Sus piezas fueron el reflejo vibrante del ritmo de la ciudad que nunca duerme, demostrando cómo la moda acompaña a la mujer durante todo el día. Desde brillos que evocaban la fiebre del disco hasta americanas que respiraban empoderamiento, la colección subrayó la versatilidad femenina fusionando toques de estilo boho con el sello inconfundible de la marca: su icónico y siempre inolvidable animal print.

Y por último, Yolancris hizo un homenaje al legado de la inigualable diseñadora francesa Elsa Schiaparelli. La pasarela se llenó de drama a través de volúmenes arquitectónicos, combinación de texturas y la icónica combinación de negro y dorado, señas de identidad que han marcado la historia de la moda. Estas pinceladas de alta costura lograron compaginar el arte con un estilo moderno, donde las texturas ricas y las siluetas sobredimensionadas reafirmaron que la moda, en su máxima expresión, es arte.
Texto: Estefanía Roa



