El Diablo Viste a la Moda 2: Una secuela entretenida que se queda en la superficie

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La muy esperada secuela de El diablo viste a la moda se estrenó por todo lo alto en nuestro país. Con una campaña de marketing sin precedentes y activaciones que hicieron las delicias de los asistentes, la segunda parte del éxito de 2006 llegó a las salas venezolanas bajo un entusiasmo contagioso. Sin embargo, una vez se apagan las luces y comienza la función, las impresiones son mixtas.

La cinta arranca retratando la cruda realidad del periodismo actual: recortes de nómina y el declive de las publicaciones impresas frente a la inmediatez de las redes sociales. En ese ecosistema, Runway se presenta como una «rara avis» que se niega a morir, adaptándose a lo digital sin perder su esencia. El conflicto estalla con una crisis comunicacional que pone en jaque la reputación de la mítica Miranda Priestly (Meryl Streep), obligando a la revista a buscar a un periodista «serio» que rescate su imagen.

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Es aquí donde reaparece Andy Sachs (Anne Hathaway). Tras ganar un prestigioso premio de investigación, Andy queda desempleada por el cierre de su periódico y, casi como un guiño del destino, termina de regreso en el lugar donde fue pasante hace dos décadas.

Sin embargo, el guion toma un camino extraño. Si bien Miranda siempre será intimidante, resulta difícil digerir que la Andy empoderada que vimos madurar en la primera entrega —aquella que incluso le lanzó el celular a una fuente para liberarse— se empequeñezca tanto ahora. Verla desvivirse por complacer a Miranda, con una actitud que raya en la inmadurez, le resta credibilidad a su trayectoria de 20 años como periodista aguerrida.

La película no es pretenciosa, ni busca serlo. Es una comedia ligera que sigue el precepto de la original, pero a la que le falta originalidad. Aunque toca temas actuales del mundo editorial, lo hace de forma superficial y, a medida que avanza, la trama se vuelve cada vez más forzada.

Lo que sí es un acierto total es el regreso de Nigel (Stanley Tucci), quien logra equilibrar magistralmente el trío de protagonistas junto a Streep y Emily Blunt (impecable en su rol de Emily). Los cameos son constantes y el apartado visual es, sencillamente, exquisito: una pasarela de vestidos y looks increíbles que nos permite espiar nuevamente las costuras del mundo de la moda, un espectáculo que nunca cansa.

¿La recomiendo? Para quien busque pasar un rato entretenido y distraerse, la película cumple su objetivo. Es divertida, sí, pero entre una historia un poco «halada de los cabellos» y la evolución inconsistente de su protagonista, yo me sigo quedando con la primera.

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