La llegada de Michael a las salas de cine nacionales no es un estreno cualquiera; es una cita obligatoria. Independientemente de si se es devoto o no del Rey del Pop, esta pieza cinematográfica demanda ser vista, no solo por su valor histórico, sino por el debate que ha encendido en la industria.
Resulta curioso el ensañamiento de ciertos sectores de la crítica —esos mismos que elevaron a los altares a propuestas como Emilia Pérez— que ahora tildan este biopic de condescendiente. Se le acusa de «blanquear» la figura de Jackson al no profundizar en los episodios más escabrosos de su vida, como los procesos judiciales por abuso sexual a menores o los detalles de su transformación física. Sin embargo, reducir la película a lo que «falta» es ignorar lo que sí está presente: un retrato íntimo sobre la construcción de un mito.
El origen: Gary, Indiana

La narrativa acierta al situar su núcleo en los primeros años de Michael. Desde su irrupción con los Jackson 5, la cinta explora la mano de hierro de Joseph Jackson, quien condujo a sus hijos hacia un estrellato implacable desde la precariedad de Gary.
Más allá del éxito, la película se atreve a mostrar la sombra del patriarca y cómo su disciplina extrema moldeó la psique de un niño que brillaba con una luz propia y abrumadora.
El verdadero motor de la historia es precisamente esa tensa relación filial y el complejo proceso de emancipación de Michael para reclamar su trono como el artista definitivo. Es aquí donde comprendemos al hombre incomprendido: un ser cuya crianza y aislamiento temprano derivaron en las peculiaridades que, años más tarde, el mundo juzgaría sin piedad.
El precio de la excelencia

Michael no solo es un drama familiar; es un estudio sobre el proceso creativo. El filme nos guía por el nacimiento de hitos como Thriller, recordándonos por qué sigue siendo el álbum más vendido de la historia. En medio de este torbellino, emerge un Michael vulnerable pero decidido a trazar su propio rumbo.
El apartado actoral es, sencillamente, sobresaliente. Jaafar Jackson (sobrino de Michael e hijo de Jermaine) logra una mimetización que trasciende lo físico, pero es Colman Domingo, en su piel de Joseph Jackson, quien entrega una actuación increíble. No sería una sorpresa verlo competir como Mejor Actor de Reparto en los próximos premios de la Academia; su interpretación es el ancla emocional del relato.
Entre el mito y la realidad

Aunque es cierto que la cinta decide bordear ciertos temas —como la adicción a los analgésicos, de la cual apenas se asoman las causas—, su valor reside en humanizar al ícono.
Michael no busca ser un expediente judicial y mucho menos un documental, sino una exploración sobre la soledad del genio y el costo incalculable de la fama. Al final, lo que queda es el retrato de un hombre que, mientras intentaba sanar las heridas de su infancia frente a millones de personas, redefinió la cultura pop para siempre. Es una invitación a mirar más allá del titular sensacionalista y reencontrarse con la música y el trauma que forjaron a una leyenda.



