LA EXPERIENCIA PARISINA DE CHANEL HAUTE COUTURE

Karl Lagerfeld es experto en lograr la excelencia, rebasar kilométricamente las expectativas y hacernos creer por algunos minutos que pertenecemos a esa impactante Utopía que crea cada vez que presenta una colección de Chanel, haciendo un ícono de sí mismo el diseñador alemán es una leyenda que continúa marcando hitos, creando cultura y sorprendiendo con una talento y creatividad inagotables. Para terminar con un evento inolvidable, como lo es un desfile de la casa francesa, la alcaldesa de Paris Anne Hidalgo le entregó al Káiser la  Médaille Grand Vermeil de la Ville  bajo la réplica de la Torre Eiffel instalada en el Grand Palais.

El desfile fue un homenaje clásico y perfecto a la capital de la moda, Lagerfeld quién jamás teme en expresar sus opiniones y sentimientos, grita con descaro su amor por la Ciudad de las Luces, el magnetismo, la historia que contiene, los deseos y sueños que aguarda. La ropa reflejaba ese poder y elegancia que París siempre tendrá. La colección mostró las habilidades de los talleres de Chanel y de los artesanos asombrosos que colaboran constantemente para hacer los sueños realidad, los magníficos plumeros, las bordadoras detallistas cuyo trabajo extenuante convierten la imaginación palpable y traen sus esbozos expresionistas a la vida real.

Un impactante juego de volúmenes y siluetas, hacía que las modelos fueran percibidas como esculturas en una exposición, el armónico y acertado uso de plumas, pliegues y apliques florales son parte del encanto francés que permaneció en el desfile, los trajes de tweed característicos de Chanel fueron los que aportan el peso y calidez, en tonos grises y negros aportan sofisticación extrema, los abrigos tenían una construcción impecable imponiendo forma y textura. Los accesorios estrella fueron los sombreros canotier de tweed, elemento tradicional en el guardarropa de Mademoiselle Chanel y las botas de patente brillaban entre las capas de tull eran agresivas con una feminidad que parece inalcanzable pero Karl lo logra sin esfuerzo aparente.

Cada aventura que experimentamos con Karl Lagerfeld en Chanel nos recuerda que la moda es simplemente otra manifestación del arte y que la Alta Costura nunca será enterrada mientras los diseñadores trabajen por mantenerla con vida y demostrar que es irremplazable. Hoy París le agradece a Karl, pero él siempre le escribirá cartas visuales de amor a la ciudad que colaboró a que su visión no sólo fuese alabada por las masas, sino apreciada por los grandes amantes, conocedores y coleccionistas de su razón de ser: la moda.

 

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