ATELIER VERSACE NOS DEMUESTRA QUE EL LUJO SIGUE SIENDO PODER

La sexualidad avasallante de Versace toma una dirección diferente, prefiriendo ser sugerente y no evidente como en ocasiones anteriores, ya que la visión de Gianni prevalece en los códigos de la casa, la mujer orgullosa de su sexualidad sin inhibición alguna siempre será la musa de la marca italiana. Basada en la campaña fotografíada por Steven Meisel en 1998, esta reinterpretación de la sensualidad la cual es fresca, sofisticada y poderosa no podría ser más adecuada en un momento en el que a pesar de no están realizando un desfile para presentar la colección todas las miradas están sobre la casa Versace.

Al ser Alta Costura es imposible ignorar el espectacular trabajo manual que las costureras dedicaron en cada una de las piezas instaladas en el segundo piso de su tienda en la Avenue Montaigne en Paris. Con un contundente aire barroco algunas creaciones que son rígidas e imponentes y otras que son vaporosas casi intrascendentes la colección juntó la precisión y los volúmenes fuertes mezclándolos con una ligereza delicada y etérea. La paleta de colores acompaño al juego de texturas yendo desde un suave blanco y un dulce rosa pálido hasta un negro intenso y un rico dorado antiguo.

El lujo y el exceso dicen presente en cada bordado de bronce metálico, en las cadenas de plata tejidas en forma de telaraña y en los adornos que simulaban cristales, que embellecen cada centímetro de los vestidos impactantes vestidos de gala. La casa italiana presentó por primera vez piezas que utilizaron la nueva tecnología de impresiones en tercera dimensión, como los cinturones dorados de serpiente que abrazaban algunos vestidos y los arcos dorados que creaban pliegues de forma redondeados en un vestido de cóctel. La íntima presentación a la que se accedía por cita previa no mostraba todas las piezas de la colección, ya que algunos de los diseños de Donatella son exclusivos para las clientas que quieran adquirir piezas Couture.

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