BUDDHA-BAR EN MODO OM

La marca llegó poderosa rodeada por un halo de misterio. ¿Cómo se pudo cocinar el lujo asiático del restaurant-bar-lounge en una esquina de Las Mercedes? ¿Quiénes hicieron posible tamaña odisea? ¿Se come como en París?

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Días antes de la inauguración de Buddha-Bar, el celular de Gisela Provenzali, a cargo de las RR.PP del local, colapsó. Tuvo que sortear a conocidos y extraños que pedían, por favor, ser incluidos en la lista VIP. Cuentan testigos que más de un golillero bien trajeado logró trasgredir las severas medidas de seguridad.

La noche de estreno antes de abrir oficialmente las puertas, el representante de la máxima figura de la iglesia ortodoxa bendijo el establecimiento en una emotiva ceremonia. A las 8:00 pm, la calle era un torbellino de gente. El show comenzó con performance de acróbatas, tambores acústicos, la danza del dragón, músicos en vivo, torta con velitas y más. Se presentaron los DJ´s Ravin y Mudra. Aquello fue un rumbón. Dieron la bienvenida la plana mayor de ejecutivos de la corporación que maneja la franquicia y la familia Estefan, dueños del local.

Local 1

Antes de continuar, hagamos historia. Corría 1996 cuando todo París cayó genuflexo a los pies de la descomunal imagen de Buda de la rue Boissy D’Anglas, a pocos pasos de la plaza de La Concordia. Fue un apogeo sostenido durante años. Allí Carolina de Mónaco desahogó penas, Karl Lagerfeld fue en persona a ver de qué se trataba tanto aspaviento, también acudieron Giselle Bündchen, David Beckham, Isabel Preysler, Chayanne y tantos otros ricos y famosos. Justin Bieber aún no había nacido. Marcó el boom de la cocina panasiática y la música chill out con DJ´s en vivo. Acuñó una colección de antología que traspasó fronteras. A la postre cuenta con 13 ábumes dobles. Buddha Bar es un set onírico, disparador de endorfinas, campo fértil para el juego de la seducción.

Local 2

El fundador fue el visionario Raymond Visan (+), líder de la nocturnidad trendy en la capital gala. Visan se labró fama con Barfly y un arsenal de locales similares (Barrio Latino, el Barlotti y Bound). La perla de la corona es Buddha-Bar con franquicias diseminadas por las mejores capitales del mundo. Además, cuenta con sello disquero, hoteles, spa 5 estrellas, línea de tocador y memorabilia con el inequívoco toque exótico, sinónimo de relax, sensualidad y placer. A resumidas cuentas, vende un estilo de vida.

Caracas Connection

El esperado Buddha-Bar dejó de ser una leyenda urbana la noche del 27 de noviembre del año pasado. Se corrió la voz de que era imposible abrir una franquicia de lujo en un país que encabeza estadísticas rojas, donde la producción de petróleo pasó a ser una quimera y se la acabó la gasolina a la exportación de misses. Por fortuna, existen empresarios contracorriente.

Especulaciones van, rumores vienen. Todo proyecto con sello de lujo levanta sospecha. Vayamos a la fuente. La historia de cómo nace la sucursal de Caracas es narrada en primera persona por George Estefan, quien a sus 79 años es un romántico irreductible. Cuenta que cuando entró a Buddha-Bar quedó eclipsado. Decretó que algún día tendría el suyo: “Cuando estoy convencido de algo me empeño hasta conseguirlo”. Muchos pensaron que había perdido la chaveta.

Local 3

Fácil no ha sido. Sobre un terreno propio, uno de sus hijos introdujo un proyecto de crédito en el Ministerio de Turismo, el cual fue aprobado, ello aunado a préstamos de la banca privada, hipotecas, ahorros y sudor, permitieron acometer la ambiciosa construcción de 5.200 metros cuadrados distribuidos en dos plantas. Muchas cosas, a juro, se tuvieron que hacer en casa, como el mobiliario. Del extranjero se trajo la cocina de avanzada y el sofisticado equipo de sonido, que tuvo que ser adquirido dos veces por culpa de amigos de lo ajeno.

Comida con palitos

Japón, Tailandia, Vietnam y Francia en materia de cocina desdibujan los límites de su geografía. Comencemos por aquellos platos creados in situ, aprobados por la casa matriz donde los chef venezolanos Carlos Blanco y Miguel Ángel Escalante son arte y parte. La dupla recibió entrenamiento tipo boot camp en París. Parte del contrato es respetar el menú; sin embargo, se permiten excepciones. Entre los principales destacan el pollo de curry rojo servido con una ración de arroz basmati en su punto perfecto de cocción y un magret de pato teapanyaki con setas salteadas y melocotones confitados cinco especies.

Local 4

Por otra parte, figura la clásica sopa tom yum, mezcla de langostinos, calamares, bok choi champiñones y jojotos bebé con coriandro. Es mundial el gazpacho de tomate, aguacate, mango, cebolla morada, pepino, jengibre y crutones. Un plato emblemático es la ensalada de papaya verde con mango, maní y vinagreta thai. También los tacos de sashimi Buddha-Bar y las ostras con vegetales crunch y salsa ponzu yuzu. De los wok, hay pollo al merey con maíz bebé, jengibre y salsa de chile tailandés; de camarones Singapur con espárragos, maíz y cilantro; langostinos al curry rojo tailandés con leche de coco y malojillo; y el pollo al curry verde estilo thai acompañado de berenjenas y arroz aromatizado.

Local 5

Muy fresco se siente el mero rostizado preparado con miso, aceite de trufas blancas y berenjenas confitadas, como el atún abrazado servido con un salteado de hongos, sésamo y edamame. Para compartir, se creó la “experiencia sushi” con sashimi, tempurizados y variedad de rolls, incluyendo uno vegetariano.

Hay mucho más pero es imposible probarlos todos. Para cerrar, la casa propone el pudín de arroz con mango y el parfait de almendras. Se sugiere comer acompañado de una extensa gama de cocteles que son parte de la historia de Buddha-Bar.

Ángela Oráa

Local contenido

Dirección: Calle Orinoco (al lado del restaurante Brazilian Grill), Las Mercedes.

Reservaciones: (212) 994.06.16

Website: www.buddhabar.com

 

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